Mi abuela, mi maestra. Parte I.

En el artículo ¿Cómo son las personas índigo? Os explicaba las características especiales que definen a estas personas, quiero explicaros ahora mi experiencia personal.

Cuando tenía 4 años, toda mi familia nos fuimos a vivir a casa de mis abuelos, mis padres estaban pasando por un mal momento económico y esa era la opción más viable. El piso de mis abuelos es un piso muy grande, de obra antigua y estructura alargada, con un largo pasillo que lleva a dos habitaciones interiores, en una de ellas había un piano. Esta habitación tiene una ventana que da a la escalera interior es por ello que es una habitación muy oscura, una habitación que no sabía porque me producía un pánico inquietante.

No puedo deciros el motivo concreto por el que sentía ese pánico, solía ir a esa habitación para tocar el piano, algo me impulsaba a tener la precaución de dejar siempre la puerta de la habitación bien abierta. Mi hermano para hacerse el gracioso venía y me cerraba la puerta, convirtiéndose el pánico en asfixiante. Lloraba y gritaba con todas mis fuerzas hasta que volvía a abrirla.

En la habitación de al lado se encontraba el taller de mi abuelo, él era joyero artesano, tenía en ella tornos y todo tipo de maquinaría que utilizaba para trabajar.

Cuando nos mudamos a vivir a ese piso y mi abuela me pedía que fuera a buscar algún objeto a alguna de esas dos habitaciones, iba corriendo lo cogía y volvía rápidamente junto a ella. Expliqué a mi abuela estas sensaciones pero ella no le dio ninguna importancia.

Al cabo de un año de vivir en casa de mis abuelos, empecé a tener un sueño aterrador que se repetiría durante varios años y que no me atreví a explicar a nadie. Voy a compartir ahora con todos vosotros este sueño, he de deciros que ha sido una decisión difícil. Es un área de mi intimidad que únicamente he compartido con mis círculos más cercanos.

En mi sueño veía a mi padre que me llamaba para pedirme que bajara a la calle para recoger un paquete de comida del colmado de al lado de mi portería. Entraba en el colmado y ahí estaba la Sra. Romi, tenía mi paquete preparado y subía las escaleras de nuevo a mi casa. Cuando estaba llegando al rellano veía a una mujer de unos 30 años que estaba sentada en la barandilla de la escalera, muy cerca de la puerta de mi casa y miraba como yo subía las escaleras.

Cuando llegaba arriba ella me decía adiós con su mano y de repente se precipitaba al vacío por el hueco de la escalera, en ese momento con su mirada parecía decirme que se arrepentía e intentaba agarrarse a la ventana de mi casa pero no lograba sujetarse. Este sueño siempre era exactamente igual, se repetía una y otra vez acabando de la misma forma y al despertar me enfadaba conmigo misma porque nunca le daba un paraguas. Ahora os preguntaréis, que es esto de darle un paraguas ¿verdad?

Cada vez que en mi sueño veía esta señora caer al vacío de mi escalera e intentar agarrarse arrepintiéndose de su decisión, despertaba muy afectada, un día pensé: «si me llevo un paraguas y solo llegar se lo doy, ella podrá volar con él como Mary Poppins«.

Cuando amanecía iba a la habitación de mis padres y abrazaba a mi madre, tenía mucho miedo a que la señora de mis sueños fuese mi madre y por esto mismo no me atrevía a explicárselo… Era mi secreto, no lo sabía absolutamente nadie.

Cuando crecí un poquito, mis padres me compraron un periquito que dormía conmigo tapado con una manta. Un día empezó a chillar escandalosamente a mitad de la noche sobre las 4 am, lo destapé, estaba agarrado al techo de la jaula, tenía una respiración muy rápida y estaba realmente muy nervioso. Abrí la jaula agarrándolo con mis manos y acariciándolo para que se relajara. En ese preciso momento empecé a sentir unos pasos que venían del final del piso hacía mi habitación, apagué la luz y metí a mi periquito en su jaula. Podía sentir que no estaba sola en mi habitación, salí corriendo y fui a buscar a mi abuela, ella dormía en su habitación y la desperté.

—¿Vanessa que haces aquí?

—Tengo miedo, el periquito se ha puesto a gritar como loco y me ha despertado, he oído unos pasos que venían del taller del abuelo y entraban en mi habitación.

—Los pájaros son muy sensitivos y quizá haya notado lo mismo que tú, toma, pon esta cruz de Caravaca en el cabezal de tu cama, ella te protegerá de cualquier mal. Vuelve a tu cama que pronto se despertará tu padre y si te ve despierta nos reñirá a las dos.

Agarré fuertemente la cruz de Caravaca y volví a mi cama muerta del miedo, me daba la sensación que alguien me vigilaba. Me metí en la cama tapándome hasta la cabeza, de esa manera creía sentirme segura y protegida.

Por hoy voy a dejarlo aquí, son muchas las sensaciones y quiero dosificarlas adecuadamente. Tengo muchas experiencias personales para compartir con vosotros y lo voy a hacer en diferentes artículos. Me gustaría ir conociendo vuestras opiniones y vuestras propias experiencias también.

Cuando me llaman para hacer una consulta de Tarot, normalmente antes de empezar me hacen la siguiente pregunta: ¿Cuánto tiempo hace que te dedicas al Tarot? Mi respuesta siempre es la misma:

—Llevo 15 años trabajando con el Tarot y desde pequeña soy una persona muy sensitiva y bastante especial.

Entiendo que es una respuesta que puede desarrollarse muchísimo, pero considero que ese no es el momento para hacerlo. Como os decía, son experiencias personales y muy íntimas que únicamente he compartido con personas muy cercanas.

Ahora he decidido explicaros algunas de ellas, me ilusiona compartir una parte de mi esencia con vosotros. Quiero además, romper una lanza en favor de las personas que como yo se dedican al Tarot de forma profesional y sobre con la todo ética moral, por un mal trabajo de unos pocos nos vemos afectadas las personas que trabajamos realmente la videncia y el tarot sin engaños. Me gustaría que cuando contactéis conmigo se establezca una conexión especial y que no tengáis la sensación de estar echando unas monedas a una máquina de feria.

Recuerda que puedes seguirme también en YouTube:

https://youtu.be/jsjY7cnHX_o

Si estás pasando un mal momento personal y no ves la solución a tus problemas, debido al gran estrés al que estás sometido, llámame, yo te guiaré, así encontrarás la solución y la salida de tus problemas, con una consulta de tarot telefónico de fijo a fijo, tarot sin gabinete y sin engaños o si lo prefieres podemos realizar la lectura de tarot presencial en Barcelona.

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