La curación por medio de la música.
Los primeros testimonios históricos de la influencia de la música en la medicina se encuentran en un papiro egipcio descubierto en la tumba de Kahum, en el año 1888, al que se le atribuye una antigüedad de 4500 años. Los griegos en sus escritos hacían referencia al Ethos, como el gran vínculo entre los sonidos y los factores psico-físicos. Boeciaa consideraba a la enfermedad como un desarreglo armónico del organismo y que, por tanto, había que conducirlo de nuevo a un estado consonante y equilibrado, utilizando la música para desempeñar esta función.
Con el paso de los siglos apenas prestamos atención a los posibles poderes curativos de la música.
Felipe V, enfermo de depresiones, se rebela a todo tratamiento médico y es curado gracias al canto de Farinelli. Asimismo, Jorge III de Inglaterra tuvo una curación similar.
En Francia se inician los estudios sobre el poder terapéutico de la música en el siglo XVIII empleándose para la curación de trastornos mentales y nerviosos.
A principios de 1930 se inició una clínica privada en New York, donde se realizaron los primeros ensayos en musicoterapia con resultados altamente satisfactorios. Así se empezó a demostrar que el efecto de la musicoterapia es real especialmente en el sistema nervioso y el sistema endocrino, los cuales están en relación directa con los estados emocionales y psicológicos, como con los diferentes tipos de reacciones corporales (tensión arterial, función del sueño, digestión, etc.).
Pasada la segunda guerra mundial un Dr francés, demostró en diversos trabajos sobre registros poligráficos que en todo ser humano existe la llamada «emoción musical».
Él recomendó usar la música a la vez en psicoterapia, fisioterapia y socioterapia, así como en medicina preventiva y curativa. Algunos usos clásicos son en personas con problemas de relación interpersonal. También se recurre a ella con éxito en drogadictos y alcohólicos.
Hoy en día se aplica exitosamente en desequilibrios nerviosos, influye positivamente en el corazón y los pulmones, contribuye en los programas de alcoholismo y drogas, ayuda a la prevención de suicidios y tiene efectos favorables en el sistema circulatorio y digestivo, además de favorecer la salud integral por la vía de equilibrar el sistema endocrino y el nervioso.
No debemos perder nunca de vista el trabajo que ejerce la música sobre nuestro cuerpo físico, ya que ésta es una energía física y no solamente emocional, mental o espiritual.
Hay cierto tipo de música que hace un mayor énfasis en el ritmo, como es el caso de la música moderna electrónica, en la cual el ritmo está marcado sobre todo por la electrónica, en la cual el ritmo está marcado sobre todo por la batería y el bajo. Si observamos el efecto de este tipo de música notaremos un fuerte impacto visceral, especialmente en el chakra del Plexo solar, el cual retumba vibratoriamente y se extiende por todo nuestro cuerpo. Este tipo de música se queda grabado en nuestra mente por la intensidad de su ritmo y tiende a inducir un tipo de comportamiento más bien acelerado, con un nivel alto de estrés y por lo general poco reflexivo. Este no es el tipo de música con el que podemos conseguir serenidad y unos ritmos cerebrales armónicos. pero obviamente podemos hablar del efecto del ritmo en otras músicas, más naturales y armonizadoras para el ser humano por sintonizarle con los ciclos pulsantes de la naturaleza, por ejemplo, el sonido del latido del corazón, el cual nos evoca etapas uterinas. En esta música de la madre naturaleza el ritmo es el que prevalece, siendo muy beneficioso si se aplica convenientemente por un terapeuta.
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